Puma Lodge by Noi

Written by Infraestructura Hotelera on Martes, 30 Septiembre 2014. Posted in Proyectos

Un refugio en la cordillera de Los Andes

Puma Lodge by Noi

 
Un lodge cinco estrellas, a más de 1.500 metros de altura, en las montañas al oriente de Rancagua. El corazón de un centro de heliski, donde los deportistas recuperan el pulso después de su aventura extrema.

No es tarea fácil competir arquitectónicamente con la inmensidad de la cordillera. Ni con la textura de las rocas ni con el brillo de las laderas que bajan nevadas hasta las aguas del río Cipreses. Había que marcar presencia con un hotel boutique, con 24 habitaciones y capacidad para 48 pasajeros, en la mitad de la nada. "Donde la cordillera es tan salvajemente fuerte, teníamos que hacer algo que diera cuenta de un asentamiento humano", dice Álvaro DeSoto, arquitecto que recibió el encargo.

El relato de la construcción del Puma Lodge es casi épico. Era inventar a 1600 metros de altura un hotel con todos los servicios en nivel de cinco estrellas para acoger a deportistas que dan la vuelta al mundo buscando nieves vírgenes para lanzarse a esquiar desde un helicóptero. Por lo mismo, era construir un lugar con tratamientos de spa que les devolvieran el alma al cuerpo después de jornadas de alta exigencia; y con una cocina de primer nivel. Además, con estares de lectura, de juego y de conversación, con buenas pantallas frente a las que los pasajeros pudieran revisar imágenes de pendientes, a más de 5.000 metros, que para un ser normal parecen suicidas, y por donde los esquiadores bajan a una velocidad increíble.

El hotel, además, debía considerar un mundo "invisible". Si en cualquiera los empleados vuelven a sus casas a diario, acá había que contemplar la presencia de 35 personas encargadas de los servicios que, en turnos de mina, viven arriba en jornadas de 15 días seguidos. "Teníamos que abordar sus requerimientos: estares, comedores, dormitorios, nos llevaron a un total de 5.800 m² construidos en un edificio de 165 metros de largo, casi dos manzanas". El espacio incluye también, un departamento de 120 metros cuadrados, con tres dormitorios, living-comedor y cocina. "Es el espacio para gente muy exclusiva, personalidades que a veces no quieren compartir la vida de hotel. Por lo mismo, tiene terraza, jacuzzi, y la posibilidad de que el chef cocine en exclusiva para ellos en su propia cocina".

El lodge se distribuye en distintos niveles, siguiendo las pendientes del lugar. Los dormitorios se reparten en dos pisos.

Exigencias no faltaron. Se necesitó una planta de tratamiento de aguas servidas, instalar estanques gigantescos de gas, turbinas eólicas. Además, dado que los pasajeros llegan al lodge en helicóptero y la primera imagen que reciben es la de su techumbre, todos los frentes de la construcción debían tener el mismo protagonismo. "Para la "quinta fachada" usamos teja asfáltica; los techos debían ser importantes en relación a la enormidad de la cordillera", cuenta De Soto. El edificio se hizo con un especial sistema constructivo de paneles hechos con bloques de poliestireno expandido de alta densidad, rellenos con hormigón armado, "que da una muy buena aislación y permite una eficiencia térmica del 70 por ciento, con lo que disminuye muchísimo el consumo de gas de las calefacciones".

Al exterior, los paneles están forrados en fibrocemento y en madera por el interior. Usaron pino para darle cierta rusticidad. "No queríamos nada sofisticado, sino generar espacios acogedores".

De eso, se preocuparon Macarena Parot y Marcela Rodríguez. Pensando especialmente en el público extranjero, las decoradoras eligieron materiales nobles y de la zona, como las lámparas hechas en cobre y la lámina del mismo metal que recubre el frente del bar. También piedras, maderas, lanas y linos. "Todo muy cálido, la idea es que funcione como una casa, donde uno se instale a hojear una revista y puedas pedir algo al bar; una sensación hogareña inspirada más que nada en lo que uno quiere tener en la propia", dice Macarena.

Cinco estrellas a nivel de ambientación en un lodge cordillerano, parece una contradicción por la simpleza del lugar. Sin embargo, dice Marcela, "está en el hecho de sentirse acogido entre la montaña y la nieve por colores cálidos, por espacios amplios, materiales de primera calidad y la comodidad de muebles que invitan a disfrutar del paisaje".

Todos son diseños de Santiago Valdés, especialmente creados para el hotel. "Su característica es que son muebles livianos, pensados para moverlos y hacer grupos de conversación libremente. Acá siempre se está conociendo gente, integrándose, todo se comenta durante el día, así es que los espacios están hechos para moverse, de adrede, para generar distintas situaciones sociales".

En cada una de las habitaciones los telares crean unidades de color, fucsia, verde, amarillo, naranja, rojo y morado, en almohadones y pieceras, que fueron hechos por un grupo de tejedoras de Talca, agrupadas en Awaq, que trabajan diseños muy simples cuidando la calidad. "En cada pieza se suman cuadros al tono, que hicimos enmarcando círculos de cestería en boqui".

De pocos objetos, en todos los estares, el juego lo arma la iluminación a dos niveles. Una que va por las vigas y pilares y una segunda más baja con lámparas de mesa y de pie. Lo adornos flotantes son mínimos, dicen las decoradoras, "no queremos interrumpir con objetos la presencia de los cerros, que por los ventanales entran solos".

Fuente_VD/ElMercurio

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